Tu turno: deja limpias las cuatro unidades.
Tienes dos baldes y un mechudo. Fíjate en el color del agua: ahí se ve si estás limpiando o repartiendo.
El mechudo está seco. ¿Por dónde empiezas?
El mechudo sucio nunca entra a la solución. Primero se enjuaga y se escurre en el otro balde. Si entra sucio, la solución se contamina y todo lo que trapees después queda peor que antes.
El agua de enjuague se cambia. Cuando se pone turbia ya no saca la mugre: la devuelve.
Y lo importante: una unidad mal limpiada se ve exactamente igual que una bien limpiada. Por eso esta técnica se cumple sola o no se cumple.